Fran Cotapos

Fran Cotapos

Desde muy chiquitita amaba pintar. Por eso, mi madre me inscribió en la Escuela Moderna De Arte, a los 7 años, donde fui 4 años explorando diferentes materiales y técnicas. Mientras estaba en el colegio participé en diversos concursos de arte en las comunas Las Condes y Vitacura, y así gané algunos, desde el primer lugar a menciones honrosas.

El arte ha estado presente desde mis antepasados. mi lúdico tío abuelo Acario Cotapos, (reconocido compositor de música neoclásica en Europa); mi bisabuela Raquel Aldunate, reconocida pintora clásica; mi abuela materna, potente mujer con gran sentido social y proactiva en múltiples fundaciones, Olga Jechán pintaba con óleo, estilo bodegones y paisajes nostálgicos, y sin ninguna pretensión vendió más de mil obras a conocidos. Mi abuela materna, Lucía Morán, coleccionista de obras de arte, también fue importante en mi desarrollo estético, al invitarme a observar el arte desde un enfoque diferente. Participamos juntas en taller de pintura en cerámica y greda, lo que me aportó nuevas experiencias plásticas.

Estudié diseño de ambientes y posteriormente Diseño de Vestuario.

Durante un período largo de tiempo me dediqué a la decoración de interiores como segunda profesión (trabajaba en el área comercial), y algunos de mis clientes me hacían encargos específicos de obras, en ese entonces de estilo abstracto. Mi estilo actual, se definió a partir de un desafío personal. Hace casi 10 años conocí a mi actual marido (y gran amor junto a mis preciosos hijos), Gerardo Valenzuela Guzmán; si bien es ingeniero civil, su talento, pasión y trayectoria artística me estimuló a desarrollar el arte a partir de mi desarrollo personal y mi maternidad; expresarlo a través de la plástica, y lograr que mi trabajo, tenga un profundo sentido tanto para mí como artista, como para el espectador.

Para lograrlo, tuve que partir desenredando mis nudos internos, entre ellos los emocionales, donde aprendí a reconocer mis fortalezas y debilidades, a detectar cuales eran mis motivaciones y a rescatar todo lo que es realmente importante para mí. A partir de esto, es que pude entender y desarrollar una conexión especial con otras personas e interpretar sus historias, no sólo desde lo obvio, sino, desde lo más profundo de su propio mundo. Es emocionante y sanador, porque logro entender su vida, su historia y recrearla, hacer que ella se reconozca en la obra, y así conectar su pasado con su presente, que es la obra en sí misma; su propia huella en este plano, con su entorno y con su propio contenido. La persona se da cuenta, al ver el resultado final de la obra personalizada, que existe una historia, que es un hilo que une a sus seres queridos, a su historia, sus sueños, y que su paso por la vida ha tenido una razón de ser y un sentido muy potente.

Hoy, me dedico en forma exclusiva a pintar y desarrollar de diferentes maneras mis obras (hace más de un año), y pienso que la aceptación que he tenido ha sido la consecuencia natural de todo este proceso. En mi casa, mi hogar, hemos hecho una forma de vida, tanto para nosotros, mi marido y yo, como para mis hijos; el mayor (17 años), además de estar en el colegio, estudia teatro (ha realizado varias actividades en ese rubro) y le encanta explorar en la música, y el menor (6 años), pinta en su taller junto a nosotros, entre otras actividades manuales.

Con el arte, mi historia y recorrido cobró sentido porque puedo reconocerme y entregar mi amor e infinito agradecimiento a través de él.

OBRAS

Mostrando todos los resultados 5